Esa mañana habíamos todo planeado, yo la encontraría a 7h15 en Gare de l’Est, habíamos pasado las dos semanas anteriores planificando este viaje, mil soluciones habían pasado por nuestra mente, la pregunta era simple pero las respuestas no lo eran; como permanecer juntos?, en esos días nuestra mente vivía la adrenalina de nuestra relación, nuestra vida era solo “nosotros”, yo y ella luchábamos por lo nuestro; era como un instinto de supervivencia, simplemente no queríamos que lo nuestro muriera y dábamos todo por conservarlo, esa mañana fría de invierno al llegar a la estación mi mirada no tenia otro destino que ella, todo alrededor mío me parecía tan menospreciable, en ese momento solo quería verla allí.
Hoy que recuerdo esos momentos y recuerdo el miedo que sentía de no encontrarla en la estación, habíamos mil veces discutido sobre que debíamos hacer, mil veces encontrado soluciones absurdas, mil veces sabíamos que al final ambos íbamos a pagar al destino nuestra decisión y mil veces a pesar de todo hasta ese momento decidimos continuar.
Esa mañana en Gare de l’Est, ella estaba preciosa; parada debajo del reloj de la estación, tan solo esperando con un pequeño maletín rojo, tal y como lo habíamos previsto; esa mañana el beso que le di, fue el mas apasionado de todos, en medio de la estación dos extraños venidos de dos extremos del planeta unían sus destinos apostando por uno juntos, no nos importaba nada, estábamos allí juntos eso era lo único importante.
Fue ese día de invierno, que partimos a 500 km, con destino escondido, allí donde talvez nadie podría hallarnos.


