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Mi amante de Gare de l’Est

septiembre 2, 2007

Ella

Esa mañana habíamos todo planeado, yo la encontraría a 7h15 en Gare de l’Est, habíamos pasado las dos semanas anteriores planificando este viaje, mil soluciones habían pasado por nuestra mente, la pregunta era simple pero las respuestas no lo eran; como permanecer juntos?, en esos días nuestra mente vivía la adrenalina de nuestra relación, nuestra vida era solo “nosotros”, yo y ella luchábamos por lo nuestro; era como un instinto de supervivencia, simplemente no queríamos que lo nuestro muriera y dábamos todo por conservarlo, esa mañana fría de invierno al llegar a la estación mi mirada no tenia otro destino que ella, todo alrededor mío me parecía tan menospreciable, en ese momento solo quería verla allí.

Hoy que recuerdo esos momentos y recuerdo el miedo que sentía de no encontrarla en la estación, habíamos mil veces discutido sobre que debíamos hacer, mil veces encontrado soluciones absurdas, mil veces sabíamos que al final ambos íbamos a pagar al destino nuestra decisión y mil veces a pesar de todo hasta ese momento decidimos continuar.

Esa mañana en Gare de l’Est, ella estaba preciosa; parada debajo del reloj de la estación, tan solo esperando con un pequeño maletín rojo, tal y como lo habíamos previsto; esa mañana el beso que le di, fue el mas apasionado de todos, en medio de la estación dos extraños venidos de dos extremos del planeta unían sus destinos apostando por uno juntos, no nos importaba nada, estábamos allí juntos eso era lo único importante.

Fue ese día de invierno, que partimos a 500 km, con destino escondido, allí donde talvez nadie podría hallarnos.

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No me escribas un email

agosto 30, 2007

10000

Habían pasado ya varios meses y 20000 Km de por medio me llevaban a pensar que casi la había olvidado.

Es difícil admitir que muchas veces guardamos sentimientos que no regresan a nosotros hasta que algo inesperado sucede, ya había pasado casi un año que me separe de ella y mas de 6 meses que no la veía, pero esa tarde bella y soleada un mail llego a mi correo.

En muchas ocasiones sus emails de este tipo ya habían convertido mi cabeza en una gran revolución, pero este era muy especial, era definitivo, triste y sobretodo escrito con un aire de resignación y desesperación tanto que ni siquiera podía imaginarla cuando lo escribía, me hizo sentir triste e impotente; triste por ella, triste por nosotros; para este tiempo pensaba que la había sacado casi completamente de mi vida, pero tan solo le vasto unas cuantas palabras para hacerme recordar todo lo que sentí por ella.

Quería que el mail fuese una carta en papel para destrozarla con furia y sacar de mi los sentimientos de ese instante, quería borrarlo pero un toque del ratón me parecía un castigo tan inútil, talvez imprimirlo, o responderle malamente, pero al final solo podía que terminar de leerlo, ambos habíamos tomado una decisión y yo debía respetarla, ese mail me trajo sentimientos que ya había olvidado, sentimientos cruzados que volvieron mi cabeza un laberinto de pensamientos y mi corazón ya acorazado fue bombardeado con misiles nucleares.

En ese mail después de tanto tiempo ella me anunciaba su matrimonio.

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El mundo que quise

agosto 27, 2007

Hace exactamente 1 año y medio, me encontraba solo en una estación de trenes, perdido entre Francia y Alemania, esa tarde hacia mucho frió, yo llevaba puesto un abrigo negro de esos muy largos y una bufanda que cubría casi todo mi rostro; era como si quisiera esconderme, pero de quien? estaba completamente solo esa tarde, tan solo parado al borde de la vía esperaba sin prisa alguna el tren que me llevara a ningún destino.

Es difícil explicar lo que sentía en esos días, pues aun no podía admitir que la había perdido para siempre.

En realidad es difícil explicar el mundo que quise en esos días, un mundo que había creado alrededor mío tan ideal como nadie lo podía imaginar, tan complicado pero tan débil al mismo tiempo; el mundo que quise en esos días estaba basado en tres integrantes: yo, ella y nuestra vida juntos. Pues alguien se preguntara que tiene de ideal un mundo como ese, y la respuesta es sencilla, evidentemente si uno de los integrantes se pierde el mundo desaparece, en mi caso y a pesar que suene raro contarlo así pero yo perdí primero nuestra vida juntos, y ocho meses después la perdí a ella.

Pensé que el mundo que quise tenia bases sólidas y que podía resistir todo, pero no ha esos dos enemigos implacables de los sentimientos, el tiempo y la distancia, pues si creo que al final luche contra los dos y trato de pensar que hice todo lo posible por ganarles, pero en el fondo se que los principales errores los cometimos tal vez intencionalmente, por el gran enemigo de todos la inseguridad.

El tren se acercaba, el ruido me recordaba a todos las despedidas que nos dimos, a esos besos furtivos al borde de la vía, al detenerse y sin pensarlo dos veces monte en el, sin dirección alguna, tan solo tratando de no pensar que era ese mismo tren que se llevo mis 10000 monedas.

Una tarde de enero la perdi, como muchos no renuncie a ese amor, por mucho tiempo luche por el mundo que quise.

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